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LOS CEDROS - ALPAMAYO - POMABAMBA

Participantes
Jaime Basaldúa
Willy Ludowieg
Percy Rodríguez
Juan Fernández

Mientras se dirige con elegante vuelo
hacia el centro de la fascinante tela,
el insecto piensa que sí,
que quizás hay otros caminos,
más cortos y menos peligrosos,
pero tan vulgares...

Ver mapa de ruta

Por Percy Rodríguez.

Esta ruta tardó en hacerse realidad pero finalmente entró en nuestros planes este 2006. Jaime, Willy y yo desde Lima iríamos al norte de Huaraz para iniciar este trekking y allí nos esperaría Juan, nuestro arriero en todos esos días de viaje. A pesar de contar con los ánimos al tope, esta salida tuvo algunos inconvenientes¡ que hicieron peligrar su realización, obstáculos que irán apareciendo líneas abajo. Pese a todo esto el martes 16 en la mañana ya nos encontrábamos en Huaraz y nos dirigimos al Hostal CumbreAndina de nuestro amigo Sergio Ramírez, en sus instalaciones hicimos todas las coordinaciones para el viaje.

 

El camino que parte desde Pampa Hualcayán para hacer este trekking es bien ancho y está conservado por la comunidad de Hualcayán hasta el tramo de Jancarurish, para esto al inicio de la caminata pagamos cinco soles a dicha comunidad, hay que asegurarse de recibir el ticket de pago y de quedar registrado en sus planillas, esto para que ese pago no vaya a parar a otro rumbo que no sea el beneficio de la comunidad. Era nuestro primer día de camino y no habíamos avanzado ni tres horas y ya tenía fiebre, claro que era fiebre, esos escalofríos repentinos y el dolor de cabeza me lo confirmaban, no podía ser soroche, no estábamos ni a cuatro mil metros de altura para pensar en aquello. Un poco por esperar a Jaime, un poco por la fiebre me había quedado atrás, como a unos ocho minutos de Juan y Willy que de curva en curva les podía echar un vistazo a su avance. Haciendo una rápida inspección de la zona y por el tiempo subido calculaba que ya deberíamos estar cerca de Wishcash, nuestro primer campamento y deseaba que llegara de una vez por todas para poder quitarme la ropa húmeda y tomar una sobredosis de pastillas que las había llevado a montón para esta infección. Llegó una curva y volví a ver a Willy que me señalaba su radio, quería comunicarse conmigo, encendí la unidad que llevaba, tardé un poco en encontrar la frecuencia 5.2 que era la que usábamos para comunicarnos y escuché: Percy, Juan dice que donde estás parado es Wishcash pero que un poco más arriba hay otra zona de campamento donde podemos quedarnos, cambio...

 

Le dije la verdad, que estaba con fiebre y escalofríos, que nuestro plan era Wishcash como primer campamento, que Jaime venía más retrasado todavía y que no quería alterar los planes por lo menos ese primer día, luego requerí el tiempo estimado de ese campamento más alto, me dijo que media hora más pero que Juan no estaba seguro que hubiera agua allí. Al final acepté, iba a continuar subiendo pero Willy me dijo que ellos subirían un poco para cerciorarse de la existencia de agua y que me comunicaría. Esperé como diez minutos y Willy volvió a contactarme, no había agua, así que como yo tenía a Wishcash al frente, llegué para esperar al resto que venían de arriba y abajo. Armamos el campamento y yo hice lo propio para cortar esa fiebre que me preocupaba más de lo debido. Por su parte, Jaime acusaba un recrudecimiento de la hinchazón de la picadura de araña en el rostro a pesar que en Huaraz le aplicaron sendas ampolletas de Megacilina. El arácnido le había jugado una mala broma justo un día antes de su viaje a Huaraz, pero como estas oportunidades no se presentan todos los días, la picadura tendría que esperar, primero era el Alpamayo.

 

Más tranquilos y con las tres tiendas levantadas nos dedicamos a tomar el sol y espantar a los tábanos que por estas alturas abundan. Wishcash es como una especie de balcón preferencial donde la atracción principal es el atardecer en la cordillera negra, preparados para eso con las cámaras íbamos contando los minutos para hacer todos los disparos posibles, el campamento completamente concentrado en las seis de la tarde, excepto claro los tres burros de Juan que no dejaban tranquilo al pasto de los cerros. Luego del atardecer ya no había mucho que hacer, una cena tranquila y baja en grasas fue lo que preparamos y luego a descansar porque mañana nos esperaban los primeros abras de la caminata, Osoruri y Cedros, 4850 y 4750 metros respectivamente.

 

La ruta del Alpamayo que nosotros habíamos elegido se suele vender en las agencias de Huaraz y el extranjero en seis días de camino y un día de descanso en la Quebrada Jancarurish, nosotros luego de estudiar el mapa y las distancias habíamos decidido hacer la caminata en cinco días sin que esto signifique gran esfuerzo, lo único que necesitábamos era caminar parejo este segundo día, saltarnos el campamento de Osoruri, seguir hacia el segundo abra y bajar a Jancarurish donde haríamos nuestro segundo campamento. Las actividades empezaron a las 4:30am el jueves, un par de horas antes los cerros se llenaron de los aullidos de dos zorros. Corría un viento muy frío y las tiendas estaban escarchadas pero el cielo despejado nos hacía sospechar la rápida llegada del Padre Sol. Nuestras mejores comidas las guardábamos para los desayunos, comíamos abundante para poder desplegar las energías necesarias hasta nuestro campamento destino. Con todo lo que había que hacer, listo, dejamos Wishcash a las 6.30am y continuamos el ascenso, esta vez nos tardaríamos un par de horas más en llegar a la laguna Cullicocha. Esta laguna es una hermosa laguna turquesa, de las mejores que he visto en la Cordillera Blanca, sino la mejor. Estando allí simplemente nos dedicamos a sacarle fotos y filmarla mientras Juan y sus burros seguían subiendo rumbo al primer abra, Osoruri, al costado del Santa Cruz Norte. El sol nos regalaba los mejores ángulos de Cullicocha y ésta nos mostraba la claridad de sus aguas, al fondo los Santa Cruz que dan origen a esta laguna.

 

Una media hora le brindamos a Cullicocha, ya era tiempo de retomar camino y de ser posible alcanzar a Juan que se había adelantado, apuramos el paso para ello. Por las huellas dejadas por Juan, estoy en buen camino, ya veo a lo lejos el abra y sus 4850 msnm. Llego, veo una apacheta indicando que es un punto de cruce de cordilleras, tomo un respiro, regulo los latidos del corazón y me decido a poner otra apacheta, cinco piedras una sobre otra, una pequeña torre de señal. Sin esperar a ver a mis compañeros bajo hacia el campamento de Osoruri, en los abras el viento siempre está presente y no permite estar mucho tiempo. Bajando intento ver a Juan y los burros con nuestro equipaje, lo logro, están lejos, se ven apenas, si no fuera por los colores de las mochilas no los habría detectado, ya pasaron Osoruri y se disponen a subir el segundo abra, Los Cedros, cien metros más pequeño que el que acabo de pasar. Sigo caminando, bajo rápido, en el primer abra aparece Willy, todo bien al parecer, hoy ya no tengo radio, hemos decidido dárselo a Jaime que está cerrando filas.

 

La bajada se hace sentir en las rodillas, me cuesta llegar a Osoruri pero lo logro como en media hora, Willy cerca de mí y a Jaime ya no lo veo en mi línea visual pero parece que está comunicándose con Willy. Bien, ahora toca el segundo abra de la caminata, se ve menos duro que el primero, se ve también que Juan y su valet ya pasaron el segundo abra porque los busco con la mirada y nada de nada. Llego al segundo abra y la vista es mejor desde acá, se ve al nevado Milluacocha enorme y cargado de nieve, está en la quebrada Los Cedros, señal de que hay que empezar un duro descenso en zigzag casi hasta el mismo río, ahora sí logro ver a Juan abajo, ya casi terminando el rosario de bajadas. El viento frío arrecia, por lo menos mi garganta y yo así lo sentimos, se agudiza el dolor pero por lo menos ya no tengo fiebre. Alcancé en la entrada de Los Cedros a Juan que estaba descansando un momento, en este punto hay un campamento señalado por Inrena pero ese no es nuestro objetivo ese día, debemos seguir caminando hasta Jancarurish, pasamos por un par de casas, hay habitantes en sus puertas, pastores que saludamos rápidamente. Desde donde estamos ya se puede ver toda la quebrada los Cedros y cuanto no falta para llegar a Jancarurish, le digo a Juan que caminemos un par de horas más y hagamos el campamento, los burritos están cansados me dice , yo también le respondo.

 

Acordamos acampar media hora antes de Jancarurish, en un claro amplio al lado del río, apenas llegamos y descargamos las mochilas no tuvimos ánimos para armar tiendas, un sueño de media hora vino a nuestro encuentro. Al rato llegó Willy y minutos después Jaime, las tiendas ya estaban armadas y ahora ellos se dedicaban a preparar el almuerzo, puré con salchichas y huevos, gelatina de refresco, maní de postre. A las cinco de la tarde, ya bien descansados, hicimos cuentas. Quedamos media hora antes de nuestro objetivo lo cual indicaba que teníamos que salir media hora más temprano el día de mañana. Más tarde tuvimos un pequeño incidente con dos toros desubicados que se acercaron demasiado a nuestro campamento con actitud desafiante y con mugidos retadores, traspasaron la delgada línea roja y tuvimos que disuadirlos con proyectiles de piedra, final del encuentro. La noche en Jancarurish fue tan o más estrellada que la noche anterior y el tono nocturno que aportaba la luna hacía de los azules un azul muy particular, un azul de frío sí, pero un azul hermoso, como pocas madrugadas vividas personalmente en la montaña, y al fondo, aun estaba allí, el Alpamayo con un poco de nubosidad en su punta.

 

Nuevamente las 4.30am fue la hora marcada para empezar todo. La ruina de preparar los alimentos estando aun con suelo y sobretodo a uno o dos grados centígrados. Aun en la media oscuridad de la madrugada Juan se lanzó al cerro a buscar a sus burros que toda la noche se la pasan libremente comiendo por las lomas. Volvió en media hora y no los encontraba, nosotros ya teníamos el desayuno listo pero faltaba nuestro medio de transporte de carga. Juan volvió al cerro, esta vez con una linterna y luego de una hora regresó con los animales, se habían ido más lejos de lo acostumbrado, además Juan nos contó que el burro líder ya conocía la ruta y sabía lo que se venía, el abra Caracara y que por eso no mostraba mucha disposición para partir. Dejamos a Juan cargando las mochilas a los burros y nosotros nos dirigimos primero a terminar ese tramo de media hora que nos faltó ayer para llegar a Jancarurish. Pasada la media hora llegamos a dicho campamento y encontramos un grupo de extranjeros, ingleses al parecer, un grupo grande con todas las comodidades. Dejamos a ese campamento recién despertando y nosotros nos fuimos a seguir disparando contra el Alpamayo, estábamos más cerca desde aquí y el amanecer mostraba otra tonalidad de su hielo, otro filo el de sus aristas y otro color el de su base rocosa. Sin perder detalle de esta montaña llegamos al puente de madera, sólo en este punto se puede cruzar el río que la Quebrada Los Cedros va formando, ya se ve que baja con bastante agua. Atrás en una de las curvas veo que apura el paso Juan y sus burros, aun está lejos y nosotros no podemos esperarlo, empezamos a subir a Caracara.

 

Este abra se lleva mención honrosa en la ruta. Primero es un abra cuyo camino para llegar a él sube delgado y abruptamente, tiene una pendiente muy pronunciada y hay que subirlo con algunos descansos si no se quiere perder el aliento. Así lo hicimos, Jaime y yo lo atacamos por la izquierda –la mejor ruta- , Willy decidió subirlo por la derecha –una ruta más empinada todavía-. A media que se sube al Caracara las vistas del Alpamayo mejoran, se siente uno a su nivel y poco a poco va a apareciendo el Quitaraju, Pucaraju y la espalda de los Santa Cruz que vimos el segundo día de camino. El Caracara es un abra sobre otro abra. Luego de subir arduamente el camino se abre a manera de que ya hubieras llegado a la parte más alta y cuando puedes ver el horizonte lo que tienes es un semicírculo de montañas más altas y te das cuenta que te falta casi la mitad de subida. Aquí empieza lo bueno, Cararaca es una zona donde ese semicírculo de montañas dirige un ventarrón directo al camino de subida y realmente se merece ese nombre aquél abra, ya que te encuentras cara a cara con el helado viento y no hay forma de evadirlo hasta pasar el abra. Cuando llegué a la explanada que parecía ya el abra, empezó un viento que empezó a a trabajar en las partes donde no tenía protección, mis manos y mi rostro. Mis ojos empezaron a lagrimear y mis manos sin darme cuenta ya se habían puesto moradas, realmente el viento me había congelado las manos y estas se habían quedado agarrotadas en la forma en que agarraba mis bastones, tardé en devolverles el calor sino hasta después que pasé Caracara, ahora comprendía por qué al borrico líder no le gustaba pasar por esta zona, Juan abajo en Jancarurish les había pasado rocoto en la lengua de sus burros para que no les de el soroche.

 

Finalmente llegué a Caracara y vi la quebrada Moyabamba por donde debía discurrir nuestro camino de bajada. Me parapeté en las rocas como un francotirador con el único propósito de que el viento no siga haciendo estragos en mí. Abajo iban avanzando Willy que ya quería alcanzar el abra, atrás casi como hormiga veía a Juan que subía a paso firme con sus animales y un poco más atrás subía Jaime. Esperé a Willy y nos tomamos algunas fotos en el mismo Caracara con las montañas que nos rodeaban y sin esperar al resto descendimos hacia la quebrada Moyabamba. Este camino baja directamente y luego se inclina hacia el lado izquierdo de la quebrada, parece camino equivocado puesto que el siguiente abra que debíamos pasar estaba a la derecha de la quebrada, pero este camino se pega a la izquierda para evitar el terreno inundado de la derecha.

 

El siguiente abra que nos esperaba era Mesapampa, un modesto abra a comparación de Caracara, Willy y yo lo empezamos a subir como a las diez y media de la mañana, atrás veíamos que venía Juan pero a Jaime ya no lo veíamos, Willy tuvo una última comunicación con él y le había dicho que ya había pasado Caracara y que se disponía a bajar. Mesapampa se alcanza con rapidez y desde su cima se ven el Pucajirca, de casi seis mil metro y la laguna Safuna. Aquí fue el punto donde Jun nos dio alcance y empezó a bajar rumbo a nuestro campamento de hoy, el caserío de Huillca, 3 casas separadas entre sí, unos quinientos metros. Willy y yo nos quedamos un rato arriba tratando de contactar con Jaime pero no hubo resultados, bajé primero para dar alcance a Juan y Willy intentó un rato más dar con Jaime por la radio. Esta bajada es un camino agradable y ancho y desemboca directamente en Huillca, a este punto llegamos a las 11:50am, al ver la hora Juan me dijo que habíamos caminado bastante rápido. Hicimos el campamento y al rato llegó Willy y nos pusimos a descansar para esperar a Jaime.

 

La señora de la casa más cercana se acercó al campamento con un tazón de papa sancochada con ají, nos dio la bienvenida y así conocimos a su familia, a su esposo Max, a sus hijos Maxhule -sí, así todo junto-, a su hija Julisa y a ella Dionisia. Las papas no pudieron llegar en mejor momento, pues este día pensábamos ahorrar gas ya que no nos quedaba mucho combustible para los demás días y encima estábamos sin almorzar esperando a Jaime. Se fueron la una, las dos, las tres, las cuatro de la tarde y Jaime no aparecía, creo que ya era hora de preocuparse por él. Cogí la radio y avancé unos metros para ver si esta vez con suerte podría establecer comunicación con él pero nada, un segundo intento dio mejores resultados, nos comunicamos pero deficientemente, yo lo copiaba pero él a mí no. Luego de intentar largo rato pedir su ubicación, me copió, a había pasado el segundo abra y me describió el lugar donde se hallaba. Por su descripción pensé equivocadamente que se encontraba a unos quince minutos de nuestro campamento por lo que le di las instrucciones para que de con nosotros. Pasó una hora y aun no aparecía. Unos veinte minutos más y llegó pero apareció por nuestra espalda. Unos cálculos errados del camino lo habían llevado por lo alto del segundo abra y lo habían hecho pasar nuestro campamento sin darse cuenta, abajo tuvo la suerte de encontrarse con un niño llamado Jesús que lo encaminó hacia nuestro campamento. Luego de estar todos reunidos nos fuimos con nuestro cargamento de comida hacia la casa de la familia Vega, la de la misma señora que nos había obsequiado las papas, le pedimos que nos prepare nuestra propia comida de su cocina de leña y asó compartimos ese día todos los alimentos.

 

Estas personas se ganan la vida cuidando el ganado ajeno, ovejas, llamas, vacas, son cuidadas todo el año por esta familia. Mientras comemos con buen apetito el tallarín rojo que nos ha preparado la señora Dionisia, juego a la vez con Maxhule, un niño de 4 años que sólo habla quechua y al parecer cree que yo también lo hablo porque me conversa con entusiasmo, me indica su pelota desinflada y nos ponemos a jugar pero no al fútbol, sino a lanzar la pelota, así me lo explicó, por ratos olvida que estoy jugando con él y se pone a cantar y bailar un huaino y ahora su compañero de juegos parece su perro Tarzán y a mí me ignora completamente. Siendo ya de noche nos despedimos de la familia Vega y nos vamos para nuestro campamento a unos metros de ellos. La noche parece más cálida que los días anteriores y nos vamos a descansar para continuar caminando mañana.

 

Nuestro cuarto día de caminata empezó bastante relajado, no nos despertamos sino hasta las 6am. Ese día debíamos pasar dos abras más y hacer nuestro último campamento para el día siguiente llegar a Pomabamba, el final de nuestro viaje. A las ocho de la mañana nos estábamos despidiendo de la familia Vega y agradeciendo sus atenciones hasta con el desayuno.

El primer abra de hoy era de 4250 msnm, se sitúa casi al frente de Huillca y su ascenso es suave pero largo. Llegado a este abra pudimos apreciar la laguna Shuitucocha, bajamos por su lado izquierdo y luego cruzamos el desaguadero de la laguna para dirigirnos al segundo abra de este día, Collota. En este abra hay una cruz de madera en su cumbre y desde esta podemos apreciar a lo lejos el final de la cordillera blanca con el nevado Champará.

 

Aun era media mañana por lo que en mi mente calculaba que podríamos llegar a Pomabamba de tarde y así hacer toda la ruta en solo cuatro días, lo conversé con Willy y Jaime y luego se lo propuse a Juan, de todas maneras pagaríamos por sus servicios de cinco días más un día de retorno a su pueblo, al final acordamos llegar ese mismo día a Pomabamba y así fue. Como a las tres y media de la tarde estuvimos arribando a Pomabamba, un pueblo grande y apacible donde lo primero que buscamos fue un restaurante. Agradeciendo los servicios prestados a Juan y a sus burros, nos despedimos de él y a nosotros nos quedó solamente esperar el bus que salía en la noche para retornar a Huaraz y de allí a Lima, previamente pasamos por los baños termales a las afueras del pueblo para un merecido y relajante chapuzón.

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