CANTA-CANTAMARCA-OBRAJILLO
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Participantes |
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Saúl Barak |
Lander Barak |
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Hugo Marcelino |
Percy Rodríguez |
Por Hugo Marcelino.
Sábado 09/12/00:
Ciertamente los que gustamos de realizar este tipo de actividades buscamos en ella aventura, nuevos paisajes, nuevas emociones y el sentirnos más cerca de la naturaleza, pero indudablemente también buscamos escapar de esta ciudad que si bien es bella, también es asfixiante y estresante. Gracias a Dios, la locura no nos abandona y este hermoso país nos tiene deparado muchos destinos para poder escapar y respirar... Esta vez el destino fue Canta, hermoso lugar situado al norte de Lima. La hora de reunión pactada fue las 7:30AM, frente a la puerta 4 de la UNI, específicamente en Gerardo Unger 451, donde la empresa "El chaperito" nos trasladaría por S/. 7 hasta nuestro destino. Cabe recalcar que el grupo no se completó por falta de "coordinación", así que tuvimos que irnos sólo la mitad del equipo. Llegamos luego de dos horas y pico de viaje, por una buena carretera, asfaltada totalmente desde Lima hasta Canta, lo cual es ciertamente bueno para el turismo interno. Pasamos por diferentes localidades, entre las cuales destaca el de Santa Rosa de Quives, lugar del santuario de nuestra Santa Rosa de Lima y XXX, lugar conocido como el pueblo de los 90 balcones. El Chillón a nuestra izquierda nos iba vigilando a lo largo del camino y su sonido era como música que le hacía competencia a la poderosa tecnocumbia que retumbaba en nuestro transporte, la cual, por cierto, nos acompañó desde que salimos hasta que llegamos. Luego de maravillarnos con la belleza natural del lugar, además de lo ordenado y limpio en que se encuentra nos decidimos tomar un buen desayuno, por lo que optamos por un tamalito (S/. 2,50) y un pancito de cortesía que se deshacía en la boca, y el agua de cocona de Percy ¿?. Luego de engañar al estómago empezamos la caminata, claro está luego de comprar esos pancitos mágicos (10 panes por S/. 1). Empezamos a ascender luego de salir de la avenida principal por una empinada trocha que nos hizo sudar la gota gorda, pero valió la pena, pues desde allí se puede ver al pueblo en todo su esplendor, continuamos subiendo y encontramos la carretera afirmada que conduce hacia las ruinas de Cantamarca, así que la seguimos. Lo curioso de esta carretera es que casi el 100% de su recorrido es siempre en ascenso, contándose con los dedos de la mano las partes planas que tiene. La caminata fue cómoda, ya que estábamos rodeados de una tenue neblina que enfriaba un poco el ambiente y hacía más llevadera nuestro recorrido, además del paisaje, que mostraba ya un curioso verdor, y es que recién empieza la época de lluvias en esta región. La gente se dedica a la ganadería y a actividades madereras, por aquí se encuentran algunos aserraderos. Al final de 2 horas de caminata y luego de llegar a un claro justo en el momento que empezaba a llover nos decidimos por armar la carpa, ya que de no hacerlo hubiéramos tenido que ponernos los salvavidas, pues la lluvia arreció y (creo que batimos un record, pues la armamos en menos de lo que canta un callo..perdón, un gallo). En ese momento salió el dueño de la casa, quien prácticamente se vio obligado a darnos ese lugar para acampar pues ya estábamos instalados y con muy pocas ganas de mudarnos, así que no le quedó otra que dejarnos allí. Mientras esperábamos a que escampe aprovechamos para comer algunos bocadillos, para cambiarnos las ropas mojadas y para abrigarnos un poco. Poco a poco la inamovilidad hizo su efecto y nos quedamos dormidos, hasta que un grito conocido nos hizo despertar: eran Saúl y Lander, quienes luego de divisar nuestra carpa se acercaron a comprobar si realmente éramos nosotros. Como ya les había contado partimos la mitad del grupo, bueno pues ahora ya estábamos completos y mojados, así que sin perder tiempo Saúl y Lander armaron su carpa, aprovechando que la lluvia ya había parado un poco. Luego de desperezarnos y escuchar como habían caminado entre la lluvia y casi a tientas, pues la neblina estaba densa, exploramos un poco el lugar, extasiándonos con la belleza del lugar, además de contarnos uno que otro chiste, que esta vez si dieron los resultados esperados, ya que la vez que lo hicimos en Rúpac fuimos un total fracaso, y planeando lo que íbamos a hacer al día siguiente, ya que esa tarde la íbamos a pasar allí, pues la cima donde se encontraban las ruinas estaba totalmente cubiertas por la neblina, además que amenazaba con llover más fuerte aún. Un cafecito caliente siempre cae bien en ese ambiente, así que decidimos sentarnos a compartir un buen café, pero la lluvia nos volvió a aguar literalmente la reunión, así que regresamos a las carpas a esperar que escampe nuevamente. Cuando cesó la lluvia ya estaba un poco oscuro, pero en el horizonte podíamos ver una bella puesta de sol, que nos parecía increíble, pues era como un aviso luminoso en la oscuridad. Cenamos y nos dispusimos a echar andar la lengua una vez más, pero el ambiente estaba nublado y no se podía apreciar una sola estrella, y esa noche había luna llena. Esperamos con fe a que se disipe la neblina y poco a poco esto fue sucediendo, primero tímidamente, y luego apareció la luna en todo su esplendor. Parecía una gran esfera plateada que nos alegró la noche y nos la iluminó, además de unas graciosas estrellas que titilaban a su alrededor, sin duda un espectáculo mágico que se mezclaba con el sonido del Chillón al fondo y el de nuestros corazones que, estoy seguro, latían más rápido que de costumbre por la alegría de estar en ese momento allí.
Por Percy Rodríguez.
Domingo 10/12/00:
Ya se va haciendo costumbre levantarse a las 6am aunque el frío nos persuada de lo contrario. Café caliente, salchichas y pan, suficiente para engañar al estomago. Las carpas aun mantenían pequeñas gotas de agua, rezagos de la lluvia del sábado. Luego de empacar las cosas y encargarlas en una vivienda cercana nos dispusimos a partir hacia Cantamarca las 8:20am, solo con agua y los impermeables por si llovía (y claro que llovió). El ascenso lo hicimos por el mismo cerro en cuya cumbre se encontraba las ruinas, además de una capilla de estilo rústico muy acorde con el paisaje. A las 10am llegábamos a Cantamarca, la naturaleza nos dio la bienvenida con lluvia, acaso nos inducía a recordar el viejo goce elemental de esta. Luego vino la granizada (aquí fue un poco más difícil encontrarle la gracia), que duró solo unos breves minutos. Ahora podíamos recorrer el complejo arqueológico, si alguna vez van por allí, caminen con cuidado por las ruinas ya que las piedras pueden ser extremadamente peligrosas para los tobillos. La mayor parte del complejo (a 3500msnm) se encuentran en precario estado de conservación, excepto los templos del sol y la luna, secretos de piedra que aun se obstinan por permanecer en el tiempo. El camino de regreso lo hicimos en media hora hasta la casa donde habíamos encargado las mochilas. Luego de informarnos de la ruta, tomamos un camino que nos conduciría a Obrajillo. Partimos a las 11:40am, la lluvia tenue pero persistente, nos acompañó todo el trayecto. A Obrajillo llegamos a la 1:30 y luego nos dirigimos para visitar su hermosa caída de agua y su campiña, pero nos dimos con la sorpresa de que una señora nos quería cobrar un sol por pasar por "sus tierras", a manera de entrada, esta actitud nos pareció tan grotesca y fuera de lugar (me recordó Lima) que decidimos no darle gusto y volver por donde vinimos. A paso ligero llegamos a Canta a las 3 de la tarde, tarde nublada por cierto. Abordamos el carro de regreso a Lima a las 4pm y así se acababa la temporada 2000 para Rastros, pero ya a mitad de camino a Lima maquinábamos nuevas andanzas e industrias para el 2001,una de ellas: cruzar la Cordillera Blanca, hasta entonces. |






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