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La marcha por los caminos excepcionales se emprende inconscientemente, sin tener la sensación de lo maravilloso en el instante de vivirlo
Por Percy Rodríguez.
Sábado 04/11/00:
Otra vez la necesidad de caminar nos había reunido en el museo de arte a las 8:00am (bueno, es un decir, porque la gente apareció alrededor de las 8:30 como casi todo buen peruano). Partimos a las 8:40 rumbo a Yerbateros, lugar donde tomamos el carro rumbo a Tupicocha y Santa Rosa. El animo en el grupo estaba de lo mejor (inconscientes, no sabían lo que les esperaba), el carro hizo una parada en Cocachacra, en plena carretera central y partiría a las 12m. Durante la espera se nos unió Edson (el chosicano), el mas puntual del grupo. Llego el medio día y el carro prosiguió su camino por una carretera afirmada pero en buen estado de conservación. Llegamos primero a Santiago de Tuna, luego pasamos por Tupicocha y finalmente llegamos a una laguna pequeña, punto de partida para nosotros. De allí a Santa Rosa solo nos separaban 15 minutos, a lo lejos Cinco Cerros vigilaba nuestros pasos. Santa rosa es un pequeño caserío donde solo nos detuvimos por agua y algo de información acerca de la ruta. Edson creyó conveniente hacer un sagrado pago a la tierra, así que dejó su billetera incluido documentos y algo de dinero, algunas lenguas dicen maledicientemente que dejó olvidada la billetera, pero esto no ha sido confirmado (sic). Eran las 5:20pm cuando partimos de Santa Rosa con dirección a un lugar apropiado para acampar y armar las tres carpas. El camino en este trayecto hasta Cinco Cerros es suave y nada dificultoso. Cerca de las seis de la tarde y con la puesta del sol empezamos a armar las carpas, era hora del ritual de abrigo de Edson y Pepe, cuando acaban, tienen tanta ropa encima que parecen muñecos de año nuevo, si, de los que se queman. Ya la noche había ganado todo el espacio en que nos encontrábamos, era el momento de cenar: sopa, frutas, café, pan, avena. Pasamos algunos momentos discutiendo filosóficamente si la luz que veíamos a lo lejos era una estrella, un ovni, un carro, no faltó quien dijo que era el Muki, duende de las minas. El sábado acababa para nosotros
Cinco Cerros aun nos vigilaba en la penumbra de la noche.
Domingo 05/11/00:
Saúl y Jhanett despertaron antes de las 6am, nosotros despertábamos lentamente, ayudados por su conversación. El sol calentaba aun muy tenuemente. Después vino el desayuno de rigor. Siendo las 8:30am empezamos la marcha hacia Cinco Cerros. Una bajada suave, algunas cuevas a la derecha del camino, un par de perros con ganas de masticarnos, una hora mas de marcha y ya estábamos en la falda de Cinco Cerros. En este punto decidimos no subir a la cumbre #4 donde se encuentra la concentración de restos arqueológicos, ya que teníamos que estar a la 1:00pm en Huatiacaya para tomar el carro de regreso y llegar a Lima por Cieneguilla. Continuamos y fácilmente dimos con otro punto de referencia: Moyopampa. A partir de este punto nuestro rumbo sería incierto ya que dudábamos del camino a elegir. La elección fue mas por intuición que por certeza. El camino que seguíamos ahora, ya mostraba parte de los que nos esperaba mas abajo, reducido a una palabra: riesgo. Mariela, Sandra y Jhanett se mostraban mas que incomodas por el camino, y no las culpo, pero nunca se quejaron
vale chicas. El sol abrasador no nos daba un solo respiro, nosotros seguíamos descendiendo utilizando en algunos casos la soga de Edson y la mía para poder descender con mayor seguridad. Llegamos a una altura del camino en donde la quebrada se ensanchaba y daba paso a una pequeña meseta, allí encontramos a un señor que nos informó someramente sobre el camino, por lo menos ya sabíamos con seguridad que estábamos en la ruta y no nos habíamos equivocado de camino.
"De grande y tranquila que era la pampa, algo nos regalaba de su grandeza y su indiferencia" R. Güiraldes.
Estas líneas vinieron a mi mente cuando cruzábamos esa meseta, salpicada de unas cuantas casas y en completo silencio. El caso fue que tras terminar de cruzar esta especie de meseta no divisábamos ningún camino. Estuvimos un buen rato buscando alguna ruta por la cual descender, pero solo encontramos paredes rocosas que caían casi verticalmente. Convencidos, Pepe y yo decidimos volver para encontrar al señor que nos había orientado. Esta vez una amable anciana fue quien nos guió y nos llevó hasta el pie del camino (y si digo camino es solo una formalidad, porque eso tenía tanto de camino como el Papa de rockero) A partir de este punto el camino se haría monótono: bajadas y precipicios. Pepe fue quien se adelantó, a cierta distancia veníamos Mariela y yo, mas retrasados bajaban Saúl y Jhanett, y finalmente descendían Edson y Sandra. En el tiempo que llevo en esta actividad, he hecho muchos descensos, pero estos fueron los 2000 metros mas peligrosos que me han tocado realizar. A medida que seguíamos bajando, las distancias entre nosotros se ampliaban. El descenso proseguía, a la derecha los cerros rocosos, a la izquierda una caída de 300m y al frente como suspendidos en el aire los pueblos de Santa Ana y Lahuaytambo. Cuando encontré a Pepe descansando en el camino ya eran las 3 de la tarde, esto significaba que habíamos perdido el carro de regreso a Lima. Luego me explicó el porqué se había detenido en ese lugar. Casi resbala del camino al intentar pasar una parte del mismo, apoyándose de dos piedras que sobresalían del cerro, estas cedieron, cayeron, y Pepe pudo cogerse a tiempo de una rama seca que aun se aferraba a la tierra. Advertido de ese riesgo pude sortear ese tramo con un par de saltos algo temerarios. Hecha su buena acción de boy scout, Pepe continuó bajando y yo quedé clavado esperando media hora a Mariela, para ayudarla a pasar. Pepe llegó al pueblo de Pedreros a las 4:10pm y lo primero que hizo fue comprar una gaseosa. Yo entré al pueblo a las 4:30pm, la sonrisa de los niños son siempre una feliz bienvenida, el pueblo todo, inundado en aroma de membrillo y los piquetes de mosquito, inevitable molestia, no se hicieron esperar. Mariela llegó a las 5:30 luego de seguir el ejemplo de Edson y ofrecer sus lentes en pago a la tierra. Por supuesto las malas lenguas dicen que los olvidó cuando se refrescaba el rostro en una caída de agua, ya cerca al pueblo, esta versión es poco creíble no?
Jhanett y Saúl entraron al pueblo a las 6:00 seguidos por Sandra y Edson. Ahora ya estábamos todos juntos. Luego de descansar un poco salimos hacia el tramo final de camino, rumbo a Huatiacaya, lugar de donde sale un bus a las 2:00am. El camino en esta parte es suave y solo nos tomó 20 minutos en llegar, eran las 7:10pm cuando hollamos en Huatiacaya. Edson y Sandra que por cierto era la mas cansada, se retrasaron, y cuando eran ya las 8:00pm empezamos a preocuparnos y decidimos volver Pepe y yo en su encuentro. Armados de una linterna salimos en su búsqueda volviendo por el mismo camino por donde habíamos llegado. Luego de una breve caminata los encontramos. Resulta que se habían desviado del camino, Sandra se había resbalado 5 veces, en una de esas caídas tuvo la mala suerte de caer sobre unas tunas, pero con todo eso no se le borraba la sonrisa del rostro (sería masoquista?
.). Volvimos a paso lento a Huatiacaya y nos instalamos en un cuarto que un señor llamado Chute nos ofreció amablemente. Ahora nos tocaba esperar hasta las 2am para abordar el bus. El cansancio es el mejor aliado del sueño.
Lunes 06/11/00:
Siendo la 1:50amsalimos al encuentro del bus que nos esperaba estacionado en la cancha de fulbito. El pasaje a Lima nos costó S/7. No hay mucho que contar del viaje, solo que estuvimos en Lima a las 5:30am, cada uno bajó en su paradero y me atrevo a decir que en sus pensamientos se llevan esa larga bajada y un sentimiento de satisfacción, hasta el próximo viaje.
"Al final del viaje está el horizonte, al final del viaje partiremos de nuevo, al final del viaje habrá otro camino, otro buen camino
" Silvio Rodríguez |






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