Domingo 19/02/06
Fotos: Gerardo Campoblanco
Si buscas mucho A, de repente encuentras B
Proverbio egipcio.
El objetivo de este viaje era llegar a las ruinas de Huacapune desde el caserío de Songos en la carretera central. Las seis y media de la mañana y ya estaban listos, mochilas al hombro para subir primero al pueblo de Linday, cuyo camino amplio discurre entre pequeñas plantaciones de frutales y cactus. Este primer tramo lo hicieron sin inconvenientes, el grupo se mostraba animado y con actitud suficiente para superar los casi 1800 metros de desnivel, luego comprobarían que ese no iba a ser el principal obstáculo a superar.
En Linday se abastecieron de agua por ser éste el último punto donde se puede coger el líquido y se toparon con una pareja de esposos quienes les comentaron del nuevo camino hacia Huacapune, mencionaron que hace poco el programa del estado Mi Barrio había organizado a la comunidad para implementar un nuevo y mejor camino, más directo y más seguro, una maravilla, sólo les faltó decir que también habían instalado un teleférico, esto a los oídos de todos sonó bien y decidieron tomar esa opción.
Pidieron las referencias del caso y empezaron a trepar el enorme cerro Tomapongo en cuya cima se encuentra lo que aparentemente sirvió como una fortaleza antes de los incas: Huacapune. Lo básico de esta ruta a decir de los esposos era que no se inclinaba al flanco derecho del cerro como sí lo hacía la ruta normal, por lo que al seguir el camino y ver que de todas maneras se iba inclinando hacia la derecha supusieron haber tomado el camino equivocado. Entonces decidieron desandar sus pasos bajando rápidamente hasta una bifurcación del camino donde el grueso del grupo esperó a que Hugo adelantándose al camino determinara si era el correcto.
Volvió algo desconcertado pues el camino se acercaba más hacia los toboganes de Songos que hacia Huacapune. Al convencerse de que el supuesto camino estaría muy cerca, nuevamente recorrieron lo que ya habían subido tratando de buscar alguna señal para dar con él. En este tramo se toparon con varias construcciones evidentemente pre incas que suponiendo a Huacapune una fortaleza, probablemente servirían de puntos de control. Hicieron una segunda parada grupal y esta vez, Percy empezó a buscar el camino cortando el cerro en línea recta hacia Huacapune. Media hora de subida y logró dar con un camino que aparentemente era el correcto, volvió por él y al reunirse con el grupo nuevamente, apuraron el paso pues ya habían perdido bastante tiempo y energía subiendo y bajando como si aquel cerrito no fuera suficiente.
Este camino prometía llevarlos a Huacapune pero cuatrocientos metros de desnivel antes de la meta, rompió su promesa. Nuevamente se encontraron con el final del camino y esta vez tuvieron que optar -no muy convencidos- por una ruta que se dirigía hacia el flanco derecho del cerro, la ruta se sentía algo forzada y cada vez se alejaban más de la cima. Eran las tres de la tarde y el buen clima que los acompañó hasta ese momento, les dijo adiós. Huacapune parecía el Olimpo en miniatura, progresivamente se llenó de nubes, neblina y quién sabe qué cosas más porque nunca llegaron ala cima. Empezaron los amagos de lluvia y decidieron cambiar de objetivo y girar el cerro completo para llegar al pueblo de Ayas, ruta que les tomaría menos tiempo considerando que la tarde se les iba de las manos.
El camino ondulante hacia Ayas fue al inicio mezquino, apenas para una persona y peor aun, resbaloso por los chispazos de lluvia. Salvando esa dificultad, sobretodo para las féminas, lograron llegar con éxito a Ayas a las cinco de la tarde y luego al puente Habich minutos más tarde. Tuvieron buen ritmo al subir, pero perdieron tiempo buscando la “autopista” del programa Mi Barrio, buscaron mucho A pero encontraron B. |