Siempre pensamos y decimos que la muerte se puede encontrar en cualquier lugar, en una biblioteca, cruzando la calle o escalando el K2 pero cuando ella se muestra cercana a ti, te olvidas de todo y simplemente te rehúsas a aceptarla.
El domingo 4 de mayo, siendo las siete de la noche, pudo ser el último día de nuestras vidas cuando Nelly y yo resbalamos por un tramo deslizado del cerro con 60 grados de inclinación por lo menos. En la cima del cerro se encuentran las ruinas de Huacapune, cerca de Matucana y fue allí donde nos dirigimos pero retornando tarde de esa caminata nos salimos del camino, apuramos el paso, elegimos cruzar el cerro sin senderos visibles y ese fue el resultado, arriesgamos demasiado por querer bajar lo más pronto posible.
Faltó poco para que nuestro recorrido llegue a un desfiladero donde la caída de por lo menos cuarenta metros hubiera sido fatal, en la oscuridad de la montaña nos vimos obligados a pasar la noche a la intemperie a pesar de que no teníamos nada para acampar más que la ropa puesta, era una caminata de un día pero se había complicado volver porque la oscuridad caminó más rápido que nosotros. Fue una noche fría, estrellada, extraña y exageradamente fugaz, abrigados por una roca, arbustos y el mismo cerro, casi no pudimos dormir por la inclinación del terreno, el frío, los golpes de la caída y una herida sangrante en mi pierna izquierda que a medida que se enfriaba, molestaba más. El lunes 5 de mayo ya con luz de día y luego de cuatro horas más de camino -luego de corregir la dirección- pudimos salir de esos desfiladeros y encontrar el sendero que nos bajó, adoloridos pero felices de seguir en este mundo, a la carretera central.
Es curioso cómo una caminata de un día pudo volverse fatal, la mayor dificultad de Huacapune es el desnivel que hay que superar, aproximadamente 1700 metros, sin embargo a nadie se le ocurriría calificar esta ruta como riesgosa, ahora sé que lo es, si se combina oscuridad, desorientación, cansancio y decisiones equivocadas. Sólo queda sentarse a reflexionar en lo sucedido y seguir adelante, la naturaleza así como todos los lugares guardan riesgos no tan evidentes, queda en nuestras manos identificarlas y manejarlas adecuadamente.
    
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