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VILCA- HUANCAYA

Participantes
Clarisa Ocaña
Sandra Fuentes
Jeny Ponce Ruth Sicha
Ezra Gonzalez José Soudre
Edson Valdivia
Percy Rodríguez

"El destino baraja y nosotros jugamos"

El bus hizo una parada mas, nuevamente por motivos técnicos. Eran las 6am y este desperfecto daba pretexto para estirar las piernas luego de 10 horas de viaje y aun faltaba para llegar a Huancaya. Por suerte este desperfecto se dio en medio de un pueblito y con mas suerte aun, encontramos una tienda con café y pan caliente. Viajábamos en el bus, Jeny, Ruth, Edson, Pepe y yo, pero luego nos encontramos con un compañero de estudios de mi universidad que viajaba con dos amigas mas, así que tras el café de por medio bosquejamos juntos la ruta a seguir llegando a Huancaya. Llegamos al destino pasadas las 8am, luego de una accidentada partida desde Lima el jueves, tras 12 horas de viaje, un ebrio compañero de asiento que se creía el presidente Toledo, varias paradas por fallas del bus, pleitos por asientos vendidos doblemente, en fin, una situación que hace que la empresa San Juan de Yauyos quede totalmente descalificada para recomendarla ya que en ella reina la cultura de la informalidad, bueno bueno, se acabó el mensaje de servicio a la comunidad.
El pequeño pueblo de Huancaya marca las 8:16am, 3528msnm, UTM zona 18: 04 13 458 con 86 51 246, sol tenue un tanto escondido por nubes blancas, plaza algo descuidada, una pequeña iglesia con agradable fachada de piedra, dos restaurantes, los dos cerrados, y varias camionetas 4x4, que en el transcurso de estos tres días se irían convirtiendo en endémicas, en parte del paisaje.
Conseguimos un camión que por módicos 50 soles nos llevaría a los 8 hacia Vilca para luego volver por nuestros medios a Huancaya en un trekking de 18km. Pactado el servicio para la 1pm, conseguimos de desayuno un "estofado de pollo a la Huancaya", que como es? bueno, como un estofado de pollo normal, pero en miniatura. Luego de terminar el desayuno y de enterarnos del apetito voraz de mas de una fémina del grupo, nos dispusimos a abordar el camión. Saliendo de Huancaya empezamos a ver esa serie de caídas de agua, color turquesa característica de la zona que nos acompañaría hasta Vilca. La carretera asciende lentamente y se pueden conseguir en casi todo el recorrido buenas vistas de las lagunas que en realidad es el río Cañete que en varios tramos se represa naturalmente. El punto mas alto de la carretera es de 3995msnm, a mitad de camino hacia Vilca. Pasado este punto, el camión empieza a descender rápidamente y a nosotros nos da mucho trabajo mantenernos de pie con tanto zarandeo. Como sincronizado con el descenso, también empieza a llover, las nubes oscuras ganan el cielo y la temperatura baja. Una hora de viaje y finalmente llegamos a Vilca, un pueblo a 3818msnm mas pequeño que Huancaya y algo célebre por ser el pueblo elegido por el prófugo ex presidente Fujimori, para construir un albergue que en un inicio fue como propiedad privada de la familia del presidente y que ahora lo administra la comunidad de Vilca. Punto a parte de todo esto hay que decir que el albergue se encuentra muy bien cuidado y que es acogedor. Entonces nos hospedamos en el albergue, a 10 soles la cama. El viernes solo nos dedicamos a descansar del largo viaje del día anterior.
A las 8am del sábado el sol se mostraba resuelto a quedarse por el resto del día. Empezamos el día con una sesión de fotos en las caídas de agua, cerca de Vilca, luego tomamos la carretera rumbo a Huancaya. Caminábamos tratando de encontrar caminos de herradura pero solo encontramos pequeños cortes de camino con lo que la ruta nos obligaba a transitar en su mayor parte por la carretera, y había que estar muy al tanto porque los rebaños de 4x4 pasaban y repasaban. Al poco tiempo hicimos dos grupos, adelante Pepe, Ruth, Jeny y yo, mas atrás, Ezra, Edson, Clarisa y Sandra. A mitad de camino nos dio alcance un niño de 10 años llamado Coqui, que vivía en Huancaya. Pensando que él sabría de caminos, le sostuve el paso y así nos fuimos conversando y alejando. Suele suceder que los niños de pueblo piden caramelos a los turistas con su grito de guerra : "gringo caramelo" aunque seamos tan o mas peruanos que ellos. Esta vez, aunque sin pedirlo, el caramelo me lo dieron a mi. Y no solo fue uno, fueron 3 caramelos que gentilmente Coqui compartió conmigo. Pasado el asombro del gesto que ese niño tuvo conmigo, empecé a indagar por un camino que no vaya por la carretera, pero Coqui parecía mas interesado en saber cuanto costaba en Lima mi bastón y cuanto costaba en Lima un reloj, y cuanto costaba en Lima un bote, y cuanto costaba en Lima un carro, etc, etc. Hasta que llegamos a un punto de la carretera donde por fin me dijo: por aquí subimos y luego bajamos a Huancaya.
Ya estábamos en el corte de camino. Se me empezó a hacer difícil seguir el andar de este niño y a la vez buscarle conversación, entonces callé por un rato mientras que ganaba aire para mis pulmones. Empezamos a subir suavemente y terminamos en un camino un poco mas empinado que al comienzo. Ya desde arriba cuando pude ver al resto, intenté indicarles el corte de camino, pero parece que no lo vieron y siguieron de frente por la carretera. yo seguía con afán a Coqui que saltaba y saltaba, ahora bajando del otro lado del cerro, abajo veía la carretera y al fondo alcanzaba ver Huancaya y mas arriba el pueblo de Vítis que estaba de fiesta, así lo advertían las avellanas que explotaban en su cielo.
Descendimos hasta llegar nuevamente a la carretera. Rápidamente volví a preguntar si no habría otro cruce mas que nos hiciera evitar la carretera y Coqui esta vez respondió pronto diciendo que si, pero que había que cruzar el río entrando en él. No había caso, seguimos caminando por la carretera, cruzamos el puente de piedra y madera, luego de despedirse, Coqui bajó a Huancaya y yo di unos pasos mas hasta el colegio, lugar apropiado para armar el campamento. La meta estaba cumplida, ahora solo quedaba descansar y esperar al resto. Luego de una media hora escuché que un conductor de una 4x4 se comunicaba por radio y hablaba de una camioneta caída muy cerca de donde me separé del resto y mencionaba también dos posibles muertos. El resto empezó a llegar por partes, y luego de reunidos todos, Jeny contó que fue una cuasi testigo del accidente y que si, hubieron dos muertos y dos heridos, la camioneta, una Cherokee marrón quedó comprimida por la caída al tamaño de un Tico.
Luego de instalar las tiendas fuimos a Huancaya en busca de comida, menos Ezra y Clarisa que se quedaron acompañando a Sandra pues se encontraba algo cansada por el trekking. En el pueblo encontramos trucha frita y bistec con papas asadas a un precio razonable de 5 soles. Ya había oscurecido pues eran mas de las 6pm cuando salimos del restaurante a unirnos como simples curiosos a la fiesta que se estaba desarrollando en la plaza. Tres árboles esperaban ser derribados, era una yunza por el aniversario del jardín de niños de Huancaya. De simples espectadores terminamos convirtiéndonos en animadores de la yunza, por supuesto con trago de por medio. Como a las 11pm empecé a sentirme mareado, pero no era por el licor, sino por las 10 mil vueltas que le dimos a los árboles para que cayeran y pudiera terminar la fiesta. Entonces volvimos al campamento y así dormimos plácidamente luego de un día entero de actividad. El domingo a las 11am es la hora de regreso a Lima, pero ahí va otra joyita de la empresa San Juan de Yauyos que sale a las 10:30am, si no estábamos por los alrededores para darnos cuenta, nos dejaba seguramente. Así acaba esta bonita ruta, una ruta tranquila, nada complicada, es seguro que es el inicio para plantear nuevas alternativas de trekking, y así nos vamos de Huancaya en el bus, con las chicas siempre entusiastas, bailando a ritmo de saya y demostrando que tienen mucho equilibrio para seguir el ritmo de la música a pesar del vaivén del bus... era su entusiasmo? o quizás se me pasó la mano y le eché demasiado ron al jugo de mango que estábamos tomando!!

Desniveles del río Cañete











 

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