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Ver imagen satelital de la ruta
Un bus desde Lima hasta Huacho (S/8 ) nos lleva en un par de horas a esa ciudad, luego podemos tomar las custer que van a Supe por 3 soles y nos bajamos 10 minutos antes de llegar, justo en la entrada a Caleta Vidal, desde allí hay colectivos (station wagon) que por un sol te dejan en el pueblito o por último se puede llegar caminando en 10 minutos. Caleta Vidal es un pueblo pequeño, ordenado y tranquilo. Desde allí se toma el camino hacia la playa pero al poco rato debemos subir el acantilado pues la playa más próxima de Caleta no es Lampay y forma una pared de 8 metros, hay que caminar una media hora para llegar a ella. Siendo semana santa suponíamos que encontraríamos otros grupos de campistas pero cuando llegamos a Lampay estaba desierta y esa condición la hacía ver más agradable considerando que todo el sur de Lima estaba repleto de carpas. Aún en el acantilado preparándonos para bajar, veía la angosta franja de arena seca que le quedaba a Lampay, en realidad el mar estaba movido ya el jueves santo (el sábado hubo un maretazo en todo el litoral, probablemente no quedó nada seco en Lampay luego de eso) así que había que calcular cuál sería la mejor zona para armar las carpas con el menor riesgo de que se convirtiesen en botes y nosotros en náufragos. Lampay ofrece una playa plana, un mar tranquilo, es como una gran herradura como pueden ver en la toma satelital, está rodeada de acantilados y sólo se puede bajar por un extremo, además en uno de los extremos de la herradura se localiza un dormidero de aves, con suerte las encuentran allí alimentando a sus pichones.
Los atardeceres de por lo menos los dos días que estuvimos fueron muy buenos, mucho color y muchos contrastes con las nubes del cielo matizadas de gaviotas y pelícanos volando en fila, además nunca faltan en nuestras costas los cangrejos areneros con su color naranja intenso llamando la atención, por todo esto Lampay es un destino bastante recomendable.
       
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