Esta página se ve mejor en Mozilla Firefox 3.0.5 1024x768 px con tamaño de fuente mediana.


LARAOS-LAGUNA ANTACOCHA-ARAHUAY

Participantes
Saul Barak
Percy Rodríguez
Jaime Bsaldúa Hugo Marcelino
Silvana Riva Carlos Suarez
Jessica Alvarado Rosalía Valdez
Maribel Barrueta
Patricia Guillén
Edith Guillén
Luis Haro
Martín Maraví Gerber Suarez

"...los recién nacidos nacían andando, los ancianos morían andando. Cuando asomaba la luz, ya estaban ellos, de uno en fondo, andando, andando, los ojos de todos puestos en el sol, y se dice que el día que dejen de andar, se irán del todo..."


Por Percy Rodríguez.


Viernes 29/06/01:

Íbamos camino a la localidad de Laraos por la carretera que asciende desde de Santa Eulalia. Ya habíamos pasado el pueblo de Huinco, el desvío hacia San Pedro de Casta y la represa de Sheque. Ahora estábamos entrando en Laraos alrededor de las 2:30pm. Al frente veíamos a San Juan de Iris, un pueblo que parece sostenerse a duras penas sobre la falda escarpada de un cerro. Laraos nos recibió con banda de música, danzantes, avellanas, corrida de toros, puestos de comida al paso y harta cerveza que ya hacía estragos en el andar de la gente. Bueno, mas bien estaban celebrando la fiesta de San Pedro y San Pablo, y lo hacían a lo grande. En vano intentamos Carlos y yo, conseguir información adicional de la ruta, pues la gente que en su mayoría no era del pueblo, estaba demasiado embobada en ese caos llamado fiesta. Luego vinieron las fotos respectivas con todo el grupo, catorce en total, y empezamos la marcha cuando daban las 3 de la tarde, el sol aun calentaba el ambiente.

Rastros y Serviperú éramos los grupos que organizábamos esta caminata exploratoria. Nos acompañaban 9 entusiastas caminantes que intentarían llegar a Arahuay con nosotros. El punto de encuentro fue el local de Serviperú en Jesús María. Allí estuvimos a las 7:15am Hugo y yo, veníamos del aeropuerto luego de recoger a Silvana, que venía de Chile solo para hacer esta ruta. Desde este lugar, Juan José (Serviperú) nos trasladó hasta Wilson para tomar una custer hacia Chosica, él no podría acompañarnos por una fatalidad llamada matrimonio, pero representando a Serviperú iría Carlos Suárez. A medida que nos acercábamos a Chosica íbamos dejando ese clima atroz de Lima e íbamos entrando en el calor seco de esta región, además del calor de grupo, aunque en ese momento no presagiábamos que nos dividiríamos en tres bandos.

Empezamos la caminata desde Laraos. Comenzamos a subir el cerro Pallpacancha. Abajo, en el corro del pueblo, los danzantes seguían con su cadencia constantemente, yo esperaba esa constancia en el andar nuestro. Apenas salíamos del pueblo, cuando a Luis le dio un soroche combinado con surmenage, soponcio y desvanecimiento, que lo dejó sin color en el rostro, lívido. A raíz de este incidente tuvimos que avanzar mas lento, Luis ya no podía cargar su mochila, así que Gerber y Martín tuvieron que turnarse llevando ese bulto. Caminamos apenas dos horas y media, cuando decidimos acampar. El sol ya no nos calentaba y el frío del atardecer empezaba a hacerse notar. A duras penas entraron nuestras seis carpas en una explanada que encontramos por suerte. Luego de descansar vino la cena tempranera y mas tarde varias desatinadas botellas de trago corto, parece que estos caminantes no estaban conscientes de lo que faltaba por recorrer, luego lo averiguarían... en un deporte no te pones a beber en el medio tiempo, pero cada uno sabía lo que hacía. La noche no trajo tanto frío como esperaba, estaba agradablemente fría, además de esto, la luna en cuarto creciente se bastaba para alumbrarla nítidamente. Las luces de San Juan de Iris, al frente nuestro, nos acompañaron hasta las 9 de la noche.

Sábado 30/06/01:
Las 6am. Tiempo de levantarse. El despertador de mi reloj nunca falla, y ya empiezo a ser odiado por ser el encargado de levantar a los demás. De algunas carpas, no capto señales de vida, (incluida la carpa del guía Carlos) consecuencias de la farra de anoche. Solo con el tiempo, nuestro campamento va despabilándose. El desayuno ligero y veloz para poder partir lo mas temprano posible. A las 7:50am los únicos que estamos con mochilas al hombro somos Silvana, Jaime, Saúl, Hugo y yo, el resto aun bosteza y prepara su desayuno. Entonces tomamos la decisión con Carlos. Yo partiría llevando a los que ya estaban listos y luego él vendría siguiéndonos con la gente restante. Partimos. Al poco tiempo nos dimos cuenta lo realmente poco que habíamos caminado el viernes y que nos quedaba mucho por andar si queríamos seguir con el objetivo: Arahuay. Empezamos el ascenso fuerte, el sol que ya nos acompañaba desde temprano, no lograba vencer aun el frío matinal. Luego entramos en la quebrada Pozo e hicimos un alto para descansar en las orillas del riachuelo que corre por esta quebrada, allí abajo, no aparecía nadie del otro grupo. Continuamos por el cerro Cunculi ascendiendo hasta los 4200msnm. Antes de darle la vuelta al cerro pudimos ver al grupo restante con Carlos a la cabeza. Estábamos separados por la profunda quebrada Pozo, pero logramos hacernos señas con un espejo llevado por Saúl, ¿para que!!?. Al estar completamente seguros que nos habían notado, continuamos caminando y rápidamente entramos en la quebrada Cunculi, entonces le volvimos a perder la pista a Carlos y compañía. Esta quebrada no ofrece subidas empinadas pero vaya que cansa, debe ser la altura y el largo sendero de subida. El llegar a la laguna Cunculi se hizo un poco pesado porque veíamos una loma y pensábamos ..pasando esa loma... y nada, luego venía otra loma y la misma situación, hasta que por fin alcanzamos la ultima cima Hugo y yo, Jaime, Saúl y Silvana venían a atrás separados por un buen trecho. La laguna era pequeña pero tenía su gracia. En medio de la laguna se formaba un circulo negro y contrastaba bastante con las aguas azules de alrededor. Al otro lado de la laguna, en manada pequeña, pastaba un grupo de reses que se mostraban recelosas a los intrusos, quizás por eso decidieron seguir al líder, trepar un cerro y desaparecer. Las que se mostraban mas sociales y comunicativas eran un par de gaviotas andinas que hacían tanto ruido como si fueran 20 de ellas, parece que era una riña de enamorados. Al rato llegó Jaime y con él una nevada tan sutil que no nos preocupó en lo absoluto, al contrario, hizo mas placentero nuestro descanso. Desde este punto podíamos dominar con la vista, buena parte del camino que habíamos recorrido. Carlos y los demás aun no aparecen, o están avanzando a paso exageradamente lento o han abandonado y vuelto a Laraos. Dejamos a Jaime descansando y partimos hacia el primer abra por donde debíamos llegar a la laguna Antacocha, Saúl y Silvana aun no llegan a la laguna Cunculi. Esta vez es mas fácil remontar el cerro que nos separa de Antacocha. Llegamos a una pampa donde aparecen nuevamente la manada huraña de reses, al fondo de la pampa hay unas cuantas apachetas, ofrendas de piedra a los cerros que nos rodean, suponemos. Unos pasos mas y por fin avistamos la mítica laguna Antacocha, allí está con su color turquesa y su pasividad inquebrantable. Estamos en el punto mas alto de la caminata, a 4650msnm, a partir de este punto debemos descender unos 100 metros y luego volver a subir 50 metros y cruzar el abra que separa la provincia de Huarochirí con la de Canta. Justo cuando estamos lo mas cerca de la laguna Antacocha aparece en lo alto Jaime que pretende bajar por un lugar bastante escarpado y rocoso. Entonces Hugo regresa para indicarle por donde es el descenso y yo continúo hasta llegar al segundo abra(4600msnm), desde acá ya se puede ver los cerros canteños y a lo lejos, muy lejos, el pueblo de Huamantanga. Jaime empezó a bajar por el lugar adecuado y ahora es Saúl el que aparece arriba, en el primer abra. Hugo hace lo propio para indicarle el camino y él también desciende. Solo faltaba Silvana. Pasaba el tiempo y la chilenita no aparecía, así que Saúl regresó a buscarla. Jaime y Hugo continuaron camino al segundo abra, donde yo me encontraba y observaba todo como si estuviera en un gran palco preferencial. En ese momento pasaron casi seguidamente un par de cóndores machos, al parecer bastante maduros a juzgar por el color rojo encendido de sus cuellos y su gola blanquísima, y los vi bastante cerca ya que pasaron como a 20 metros del abra, además contaba con los súper binoculares de Silvana. El ultimo cóndor incluso giró su cuello para verme de frente, en ese momento te das cuenta que ellos son los verdaderos dueños del lugar por su soberbia al mirar. Llegó Jaime y luego Hugo, y ya juntos observábamos en el otro abra algún indicio o señal que nos diga que Saúl ya está de regreso con Silvana. Solo luego de un buen rato eso sucedió. Silvana, con el soroche encima, avanzaba lentamente. Utilizando toda la potencia de nuestras cuerdas bucales, Saúl y yo pudimos comunicarnos. Ellos descansarían 20 minutos y nosotros esperaríamos pacientemente. Cerca de las 6pm estábamos todos reunidos e iniciamos el descenso hacia la laguna Tambillo rodeada de cerros rocosos y azulados . El sol se ponía, por lo que solo vimos una parte de la laguna, la otra ya estaba en penumbras. A estas alturas de la tarde no habíamos notado señales de Carlos, Jessica, Rosalía, Luis, Patty y el resto, por lo que asumimos que habían regresado a Laraos. Nosotros continuamos descendiendo hasta los 4400msnm hasta encontrar un lugar adecuado para acampar, entonces ya eran las 6:45pm. Las carpas se armaron en un segundo y las cocinillas ya hacían hervir el agua para el café. Habíamos caminado todo el día. Luego de analizar la ruta para mañana y una pequeña charla, nos fuimos a descansar merecidamente.

Domingo 01/07/01:
Nuevamente las 6am es la hora para levantarse. Esta vez hace mas frío que la mañana de ayer. El agua que desciende de Tambillo es muy fría, al contacto con el metal de nuestros utensilios se escarcha y congela en unos segundos. En el mapa nos queda un camino de puro descenso hasta Arahuay, se ve fácil, a excepción del ultimo tramo que es una bajada abrupta. Partimos a las 8:50am. Seguimos la quebrada Tambillo hasta llegar a una aldea de pastores en el cerro Sonocoto. Luego descendimos por la quebrada Pumachicle, no se rían , así está escrito en el plano. Después de dos horas de bajada nos encontramos con una señora, la primera persona que teníamos en frente desde que salimos de Laraos. Ella nos dio algunos alcances acerca de la ruta hacia Arahuay. Continuamos por el lomo del cerro Ishcarpirca, por tramos, el camino era invadido por cactus espinosos, obstáculos que teníamos que sortear. Como a la 1pm logramos ver Arahuay a lo lejos, en ese momento pasábamos debajo de las ruinas de Tunshuwilca. Sabíamos que solo habían carros hasta las 3pm, así que apretamos el paso. Hugo pasó adelante, seguido por Saúl, yo venía atrás con Jaime y Silvana. A medida que descendíamos el sol se hacía mas fuerte y la quebrada se iba cerrando, ya habíamos dejado las faldas de la puna, ahora estábamos entre enormes cerros y clima templado. El trajinar de estos tres días ya se estaba haciendo notar entre nosotros. Hugo llegó a Arahuay a las 2:30pm y nosotros a las 3pm. No pudimos encontrar el transporte anhelado, según nos dijeron, partió a las 2:25pm, mala suerte. En nuestro deambular nos topamos con la alcaldesa de Arahuay, quien nos recibió en el local municipal. Luego de lanzar su perorata sobre los atractivos turísticos del lugar, hizo intentos vanos de conseguirnos movilidad, ...no se pudo. Esperando lo que nos deparara la suerte, nos fuimos a la pequeña pero bonita plaza del pueblo, a descansar un momento, cuando un vendedor de helados nos pasó el dato que salía en esos momentos un camión rumbo a Santa Rosa.. y en un segundo ya estábamos subidos y bien acomodados en dicho camión. El viaje transcurrió en una noche de clima agradable e iluminada por la luna, pronta a ser llena. A las 8:10pm estuvimos en el pequeño y oscuro pueblo de Santa Rosa de Quives, cuando lo atravesábamos rumbo a la carretera que baja de Canta, solo podíamos distinguir un hotel bastante iluminado al costado del santuario, que estaba en tinieblas. Esta vez la suerte nos acompañó, ya que un bus casi vacío vino a nuestro encuentro. Sobre la carretera asfaltada, nos dirigíamos rumbo a las afueras del cono norte, Comas, este era el ultimo paradero del bus. Lima nos recibió con una neblina cerrada. En Comas, conseguimos un taxi para la buena caminante y mejor amiga, Silvana, que se iba volando para el aeropuerto, sino, no llegaba a su Chile querido. Jaime también abordó un taxi y nosotros hicimos lo mismo. Fin de la historia? no lo creo. En el ya lejano sábado 30 de junio, un grupo de caminantes al mando de Carlos Suárez, vivía su odisea personal, pero esta es harina de otro costal que a mi no me toca cernir, les dejo entonces con Carlos, hasta pronto.

Por Carlos Suárez (Serviperú).

Sábado 30/06/01:
El grupo Rastros salió primero y nos tomó la delantera. Nosotros lo seguimos hasta la quebrada Pozo por donde baja un bucólico riachuelo, lugar placido donde tomamos un reparador descanso, observando cuesta arriba a los chicos de Rastros trepando hacia la adyacente quebrada Cunculi por un duro ascenso, siendo la ultima vez que los observamos ya que esta subida causaría estragos en nuestro contingente, porque a Patty le vino el indeseado soroche. Cabe mencionar que la quebrada de Cunculi presentaba un aspecto peculiar, por allí bajaba un arroyo que debido a la altitud(4400msnm) se encuentra en su mayor parte congelado y algunas pequeñas caídas de agua se presentaban como estalagmitas de hielo. Ante este gélido panorama y la inconveniencia para la salud de Patty, al proseguir ascendiendo un grupo opta por regresar y acompañarla hasta Laraos, para volver hacia Chosica, ellos eran Gerber, Martín, Luis, Patty y Edith. Solamente Rosalía, Jessica y Maribel, tres guerreras y yo, decidimos continuar lo programado. Es así que proseguimos por el extenuante ascenso, bordeando el frígido arroyo. A esta altura, para los que no tienen costumbre, las sienes empiezan a molestar ante el esfuerzo físico. Maribel un poco que sangraba por la nariz, pero mas que coagulado, su sangre se había escarchado en sus fosas nasales por el frío. Rosalía arrojaba de vez en vez, solo Jessica se mantenía estoica. Otras chicas se hubieran arredrado y hubieran retornado al instante pero ellas estaban hechas de un material inoxidable especial (no en vano practican ciclismo) y continuaban sin quejarse. Llegamos al atardecer del sábado a la laguna de Cunculi procediendo inmediatamente a armar el campamento ante el frío reinante, a pesar de ello el cansancio nos hizo dormir a la fuerza, con un sueño sin sobresaltos.

Domingo 01/07/01:
Al salir el sol, inspeccionamos los alrededores donde pudimos comprobar que aparte del arroyo congelado, la helada de la noche anterior había puesto la lagunilla como "cremolada", pero aun así algunas huachuas y huayatas ya acostumbradas a su hábitat graznaban desaforadamente. Pero habría que continuar la marcha subiendo algunas suaves colinas, llegando a una pequeña pampa dónde a lo lejos se observaba algunas apachetas que nos señalaban el camino hacia el final de la explanada, donde !al fin! se vislumbra la mítica y legendaria laguna de Antacocha con su inmenso color verde esmeralda, hace pocos años declarada patrimonio histórico y cultural porque aparte de ser una hermosa laguna natural, es una represa prehispánica construida por el señorío de los Chaclla formada por diques y compuertas de piedra tallada. Después de tomarnos las fotos de rigor y deleitarnos con el espectáculo visual proseguimos nuestro trekking subiendo otra lomada que nos conduciría a otro de nuestros objetivos: laguna Tambillo. Este es el lugar donde habitan escurridizas truchas que por lo mismo son poco visibles y difíciles de atrapar ya que se encuentran mayormente en las profundidades. Un rato de descanso tratando de observar una despistada trucha y continuamos nuestro andar siguiendo el curso del riachuelo que se desprende de Tambillo, el ichu continua siendo nuestro compañero de viaje. Recordamos que todavía estamos en la altiplanía andina pero ya empezamos el descenso hasta divisar a dos arrieros a caballo a lo lejos, subiendo los cerro, después de dos días de no ver gente y gozar de lo inhóspito del paisaje, esta es una buena señal. Cuesta abajo llegamos a una zona de pastoreo de ganado vacuno llamado Ventanilla y a unas pequeñas estancias y chozas donde conocimos a Alcalí Huari, un locuaz poblador de la zona y su familia, destacando su señor padre, un personaje "arguediano" que en sus años mozos oficiaba de cazador siendo conocido en Arahuay como "el puma" no precisamente por ser hincha de la U, sino por su habilidad para cazar al fiero y elusivo león de montaña. Es un deleite escuchar las anécdotas y aventuras de este cazador de las alturas, guardando aun algunas pieles que dan fe de su testimonio. Reconfortados con la charla continuamos con nuestra ruta por las colinas, cayéndonos la noche en el camino. Como había luna continuamos tratando de encontrar algún sendero mayor, dándonos cuenta mas bien que este desaparecía. Tratando de hacer nosotros mismos una ruta de bajada y con tal mala suerte, Rosalía pisa un espinoso cactus que traspasa su botín clavándosele como un dardo en la planta del pie, demorándonos como 20 minutos en tratar de sacárselo. Después del traspié buscamos cualquier ladera libre para poder armar la carpa, durmiendo en posición inclinada esa noche. A mitad de la noche nos dimos cuenta que Maribel no se encontraba dentro de la carpa, sino que ella y su sleeping se habían deslizado ladera abajo sin percatarse de nada y durmiendo plácidamente.

Lunes 02/07/01:
Después de esta movida noche, tratamos de reencontrar el rastro perdido subiendo y bajando laderas con resultados poco alentadores, en este trajín agotamos nuestras reservas de agua. Opté por volver al ultimo puquial y de allí a la estancia de Alcalí para que nos indicara correctamente el camino de regreso, aceptando gustoso y llevándoles una sopa de fideos que nos supo a "bálsamo de los dioses" pues nos hizo recuperar las fuerzas perdidas para el arresto final hacia Arahuay, que nos resultaba esquiva. Antes de esto, con nuestros binoculares pudimos observar en el cerro frontal la ciudadela de Tunshuwilca, tan cerca a nuestros ojos pero tan lejos a nuestros pies, mostrándonos sus conservadas construcciones al borde de los abismos, como solían edificar antiguamente nuestros antepasados. Ya sería motivo de otra excursión nos dijimos para nuestros adentros. Después de 6 horas de un vertical descenso en zigzag por un afirmado sendero a través de laderas y precipicios llegamos de noche a nuestra ansiada meta, Arahuay, cansados, extenuados y algo magullados, pero satisfechos con nosotros mismos de haber logrado lo que nos propusimos desde un inicio, a pesar de los contratiempos que se nos presentaron y prestos para nuestro retorno a Lima, que sería el día martes ya que no había carro a esas horas de la noche. Hasta una próxima aventura.
















 

Rastros © desde 1998
»»Diseñado por Percy Rodríguez
Laraos-Arahuay Mensaje