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MESETA DE MARCAHUASI

Participantes
Paul Ramos
Percy Rodríguez
Eduardo Verde Caleb Salcedo
Javier Mejía --------------------
Por Percy Rodríguez.

Viernes 31/12/99:

El punto de partida fue la casa de Javier, como de costumbre llegué primero y también como de costumbre Paul fue el ultimo en aparecer. Armados de muchas ganas, excepto una personita que no dejaba de molestar con esa frase de "yo quiero ir a la playa", tomamos el carro en la carretera central rumbo a Chosica, allí llegaríamos alrededor de la 1pm. El carro que sube a San Pedro de Casta se apareció a las 2:30pm en el parque Echenique, así que trepamos con todos nuestros pertrechos y ya estábamos listos para recorrer un promedio de tres horas por curvas cerradas, numerosos acantilados y una carretera en mal estado. El clima en el viaje estaba fresco y nos hacia presagiar que en San Pedro estaba lloviendo o de repente estaba nublado. Pasamos por Barba blanca, Cumbe, Huinco y por ultimo llegamos a nuestro destino a las 5:30pm con una neblina bastante tupida y con un frío soportable. La idea inicial era llegar al pueblo y luego el mismo día hacer el camino largo a El Anfiteatro en 3 horas, es bueno recordar que del grupo solo yo conocía la ruta, quizás era la primera vez para mis compañeros estar en esas circunstancias, quizás fue el ímpetu después de pasar 3 horas como sardinas en el bus o quizás solo fue una locura de fin del milenio, la verdad que no lo se, lo que si se es que ellos decidieron subir a Marcahuasi casi a las 6 de la tarde a pesar de todas mis advertencias, con una neblina que no permitía ver a mas de 3 metros, con un cielo que amenazaba llover y con un guía (un servidor) que no estaba seguro de poder orientarse en la penumbra de la noche enneblinada. Fue así que empezamos a ascender por un camino barroso, producto de la lluvia del día, no fue necesario dar muchos pasos para desistir de esa idea y estar de regreso en la plaza remodelada de San Pedro de Casta. Allí contactamos con Amador, un comunero que amablemente nos alojó en su casa, entonces sí pudimos dejar nuestras cosas e ir a la plaza donde se preparaban para la llegada del año 2000, aplausos para la municipalidad que se portó bien con los presentes y repartió pachamanca, chocolate y panetón (por supuesto que a nosotros también nos tocó, excepto a Javier que estaba ocupado despidiéndose media hora por teléfono de su enamorada). Mañana nos esperaba un día de caminata, así que nos fuimos a dormir a la 1am nada mas, ya que también por allí se escuchaba cada disparate, creo yo, producto de media chata de ron.

Sábado 01/01/00:
A las 7am. ya estábamos dispuestos a subir a Marcahuasi, nos dirigimos a la plaza y allí ya estaban 2 grupos mas preparando sus burros para la caminata, no queríamos ser la excepción, así que alquilamos uno (12 soles) y ya estando mas ligeros empezamos a caminar. Al principio el grupo estaba avanzando en conjunto, pero poco a poco nos separamos, primero Caleb se adelantó ya que nosotros nos detuvimos a esperar a un amigo quien era llamado por la naturaleza, no quiero decir su nombre, así que por eso Paul disculpa que no te mencione. El grupo ya era solo de 4 por el adelanto de Caleb, pero parece que las fuerzas abandonaron a dos de los aventureros y es así que también Javier y Paul se retrasaron, entonces ya estábamos desintegrados totalmente. Llegamos a un lugar llamado Chula donde le dimos alcance a Caleb y esperamos a la parejita que venia atrás, después de un largo rato ellos aparecieron, se les veía cansados pero alegres, detrás de ellos venia el burro con la carga, que también aparentaba estar cansado pero satisfecho (por la caminata). Caleb llegó primero a El Anfiteatro ya que Eduardo y yo fuimos a llenar la galonera con agua, luego le dimos alcance y finalmente llegaron Javier y Paul. Armamos la carpa para tres personas (nosotros éramos 5, ¿como íbamos a entrar?, hasta ahora me lo pregunto), almorzamos y no pasó mucho tiempo para que empezara a llover persistentemente y tampoco pasó mucho tiempo para que la lluvia empezara a filtrarse a la carpa, momento crucial para tomar una decisión: regresar. Empacamos lo mas rápido que pudimos, lo que no impidió que nuestra ropa se mojara, entonces ya estábamos de regreso por el camino largo, nuevamente estaba barroso lo cual dificultó la bajada que a pesar de todo la hicimos en 1:11hr, claro que eso nos costó tres caídas aparatosas, reservaré el nombre de los implicados en tan vergonzoso suceso, solo diré que Eduardo y Paul llegaron limpios. Estuvimos de vuelta en San Pedro alrededor de las 4 de la tarde y volvimos con Amador quien nos recibió algo somnoliento, solo entonces pudimos secarnos y estar lo menos mojados posibles, cosa complicada pues la lluvia había mojado casi toda la ropa de recambio que llevábamos en nuestras mochilas. Nos otorgamos un merecido descanso, jugamos cartas, preparamos la cena, comimos y luego nos acostamos, mañana haríamos una bajada de mas de 2 horas hasta la central hidroeléctrica de Huinco.

Domingo 02/01/00:

Con mucha pena nos despedimos del pueblo y de Amador, quien nos condujo hasta el comienzo del camino que descendía haciendo zigzag por los cerros y atravesaba la neblina espesa que cubría las cumbres. Este camino tiene una pendiente suave y no se nota las dos horas de bajada, hicimos algunas tomas, dos integrantes del grupo tuvieron diferencias acerca de quien debía cargar la lámpara petromax, pero no pasó a mayores, un beso por aquí , otro por allá y asunto terminado. El recorrido fue objeto de destape de algunas fobias a los caninos, es así que algunos que a duras penas cargaban con su cuerpo, vieron revitalizadas sus fuerzas a consecuencia de un cachorrito que con las justas podía ladrar, sino pregúntenle a Paúl. Pero eso no es todo, también pudimos descubrir cierto miedo a las minas y las torres de alta tensión, que culpa tiene el camino de pasar al pie de una de estas susodichas torres. Sin darnos cuenta ya estábamos en Huinco y después de un revitalizante menú de un solo plato, pudimos tomar un bus con dirección a Chosica. Lo que sigue es historia conocida, tomamos el carro a Lima y como dice el dicho, cada cual para su casa.










 

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