Esta página se ve
mejor en Mozilla Firefox 3.0.5 1024x768 px con tamaño
de fuente mediana.
NEVADO PISCO - CORDILLERA BLANCA 2007
Participantes
Fidel Aldave
Jaime Basaldúa
Gerardo Campoblanco
Percy Rodríguez
Aquél que tiene un porqué para vivir puede enfrentar todos los cómos...
Por P.Rodríguez
Nos despertamos a las 10pm para preparar nuestros alimentos, esta vez sería avena con leche, sólo eso y algunos caramelos tendrían que darnos las energías para la actividad que calculábamos duraría hasta la 1pm del día siguiente. El clima no andaba bien, nevaba una media hora y paraba de nevar otros diez minutos, era una nevada fina pero sabíamos que eso nos complicaría más el paso por la morrena, ahora húmeda y resbaladiza. Bajamos los cierres de las tiendas y dejamos el campamento con los demás grupos durmiendo plácidamente, en uno o dos días más, los italianos, norteamericanos y españoles debían intentarlo al igual que nosotros hoy. Nos dividimos en dos grupos, Fidel y yo subíamos por el camino con mayor pendiente pero más corto, Jaime y Gerardo lo hacían por el camino largo, el que se acerca bastante al refugio Perú, que por cierto aún tenía algunas ventanas iluminadas. Este camino se une casi en la cima del cerro que da al inicio de la bajada para la morrena y allí nos encontramos. Ahora estábamos bajando con precaución la pared de tierra de unos cuatro metros que nos dejaría ya dentro de la morrena en sí. Como el día anterior habíamos hecho una pequeña caminata de reconocimiento, habíamos logrado dejar unos cuantos hitos –piedra sobre piedra- para poder orientarnos en la oscuridad, todos llevábamos linternas frontales pero aun así es muy fácil tomar otro camino estando ya dentro de la morrena.
Fidel adelante iba tanteando las huellas por donde debíamos ir, las rocas mostraban una delgada capa blanca producto de la nevada, como lo habíamos imaginado, esto nos hacía avanzar con más precaución, no sería poco probable quebrarse una tibia por un tropezón y apalancamiento de rocas. La primera mitad de la morrena la pasamos creo con cierta rapidez, pensaba para mí que estábamos haciendo buen tiempo y que si seguíamos así quizá estaríamos en la cumbre del Pisco antes que amaneciera.
Entonces cuando todo iba tan bien, perdimos el camino, nos pasamos del punto donde debíamos subir a un nivel más alto de la morrena, por el contrario caminamos por debajo de la ruta rompiéndonos la cabeza buscando la manera de subir, nos acercamos demasiado al Huandoy por lo que tuvimos que volver. Buscando en la oscuridad el camino que nos hiciera subir la morrena, Jaime y Fidel lograron encontrar parte de un camino que luego Fidel se encargó de seguir y subir a la parte más alta confirmando que era la ruta correcta, entonces Jaime, Gerardo y yo lo seguimos.
Esta desafortunada pérdida de la ruta nos hizo gastar tiempo valioso en corregir el error, ya eran las tres de la mañana y el frío arreciaba, creo que a esta hora alcanzó su pico más bajo. Más tranquilos sabiéndonos sobre el camino correcto, empezamos a apurar el paso, Fidel se iba despuntando y Jaime lo seguía de cerca, yo servía de enlace entre ellos y Gerardo que subía con cierta dificultad y es que de los cuatro, el único que no había estado antes aquí era él. Creo que por el afán de alcanzarlos, fui distanciándome más de Gerardo hasta que perdí de vista su linterna frontal confiando en que más arriba o en alguna curva lo volvería a ver, cada vez se me hacía más difícil estar parado sin hacer movimientos, se me congelaban las manos y tenía que hacer pequeños saltos sobre mi posición para generar algo de calor. Cerca de las 5 am Fidel y Jaime ya habían llegado al pie del glaciar, unos minutos más tarde llegué a unos doscientos metros de ellos donde me dispuse a esperar a Gerardo, no había visto su linterna ya hacía como media hora. Los minutos pasaban y yo me impacientaba, al rato les grité a Jaime y Fidel ya que ellos estaban con mejor panorama que yo, si veían la linterna de Gerardo pero no había rastros de él, lo primero que decidí luego de eso fue bajar a buscarlo pero ellos me convencieron de esperarlo un rato más. Seguía dando saltos en mi misma posición y veía que producto de eso la nieve se convertía en resbaladizo hielo obligándome a cambiar de posición. Habrían pasado unos veinte minutos más hasta que no pude quedarme más con la duda y les grité a Jaime y Fidel que entraran de una vez en el glaciar y que avanzaran, yo bajaría a buscar a Gerardo aunque eso implicara volver al campo base, era la segunda vez que estaba en el Pisco y por una u otra razón no había podido coronarlo, pensamiento que pasó veloz cuando apuraba el paso de bajada.
Estaba en una arista donde podía alumbrar con mi linterna a derecha e izquierda, por ratos alumbraba a un lado y otro gritando a Gerardo y esperando recibir una respuesta pero nada, me cercioré de bajar por el mismo camino por donde había subido para poder llegar por lo menos hasta el último punto donde vi su frontal. Al cabo de un rato vi dos luces que en el segundo siguiente se convirtieron en una sola, era Gerardo alumbrando al suelo, sentado y apoyado en una roca, bajé más rápido esperando que no haya sufrido ningún accidente. Gerardo había subido lento y era evidente su cansancio, en cierto punto el resto del grupo se despuntó y él quedó replegado, entonces al querer apurar el paso rebasó su límite aeróbico y tropezó con una piedra, quedó extenuado por la caída y decidió aprovechar para descansar apoyado en la piedra y quedando dormido por ratos. Esta simple situación podría haberse convertido en algo más grave si se hubiera abandonado al tentador sueño, su ritmo cardiaco pudo haber bajado más y esto combinado con la temperatura baja que estábamos soportando podría haber dado pie a congelamiento o hipotermia. Afortunadamente Gerardo solo estaba cansado pero consciente, con frío y con sueño. Descansamos un poco y partimos de regreso al campo base viendo en el camino el amanecer en el Pisco y Huandoy, avanzamos lento por la morrena y alrededor de las nueve de la mañana estuvimos en el campo base. Arriba, Fidel y Jaime tenían trabajo por hacer porque el buen clima de la madrugada estaba virando a nubes grises desde el amanecer, abajo nosotros les deseábamos la mejor de las suertes.