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CASCADAS DE SONGOS

Participantes
Saul Barak
Percy Rodríguez
Richard Ortiz Lander Barak
Karen Palma José Rojas
Vilma Torres Rosa Rojas
José Soudre --------------------

Por Percy Rodríguez.

Domingo 21/05/00:

La Cascada de Songos quedan unos 10 minutos antes de llegar a San Jerónimo de Surco, en la carretera central. Nos agrupamos en el parque Echenique y a las 9:50am tomamos el carro que nos llevaría a nuestro destino. Unos 40 minutos tarda el carro en llegar al pueblito de Songos. A partir de ese lugar y cruzando el puente sobre el Rímac, hay que subir por la quebrada Linday, entre una a dos horas demora el ascenso hasta la zona llamada "Los toboganes". El trayecto por la quebrada Linday básicamente consiste en seguir un pequeño camino, hasta donde la quebrada lo permita, ya que a medida que se asciende, la quebrada se va adelgazando y se convierte en una garganta, a partir de este punto hay que continuar por el cauce del río Linday, ayudados por sogas (esto es lo que hace interesante la ruta) hasta llegar a la parte mas alta que son los toboganes. Aquí como su nombre lo indica, la zona aparenta un gran tobogán de piedra, por el cual se puede deslizar hasta una poza en su base. Nosotros subíamos a un ritmo lento (ya que algunas de las excursionistas nos hacían retrasar con su paso), utilizando la soga para pasar hasta el momento sin mojarnos. Seguíamos subiendo cuando de pronto una piedra cayó del cerro rozando a un caminante. Tuvimos un percance cuando Vilma resbaló del camino rocoso, y cayó en el río, afortunadamente los golpes no fueron de consideración. Seguimos avanzando hasta que llegamos a la parte mas angosta del trayecto, esta parte tiene dos desniveles bien marcados, algo así como una gran escalera. Pepe subió el primer desnivel por el cauce del río, le alcancé la soga y luego uno por uno fuimos subiendo, al final subí yo. Ya estábamos a punto de subir el segundo desnivel, donde la garganta es mas abierta, cuando en eso empezó. Era un derrumbe, las piedras de todos tamaños empezaron a caer del lado derecho de la garganta, los que estábamos en la parte mas estrecha solo atinamos a pegarnos a la derecha de la garganta y proteger nuestras cabezas con brazos y mochilas, las piedras pasaban por sobre nosotros, chocaban en la pared del frente y rebotaban golpeándonos, la tierra también se deslizaba. Cuando levanté la mirada desprotegiendo mi cabeza, vi el río, marrón, turbio y el ambiente saturado de polvo, imaginé que era un huayco, pensé que moriríamos, intenté respirar pero había perdido el aliento, entonces reaccioné, grité: retrocedan, retrocedan, y el primer desnivel que lo habíamos subido con ayuda de la soga no fue impedimento para retroceder. Sin reparar en ese desnivel, solo saltamos, retrocedimos y el derrumbe fue calmando. Karla que iba adelante prefirió subir, pasado el derrumbe, ella estaba arriba y nosotros desde abajo la llamábamos, luego ella descendió con ayuda de Pepe, en ese momento decidimos regresar. La primera piedra que cayó mas abajo fue un indicio que no supimos interpretar y ahora volvíamos con una experiencia mas, golpeados empapados, sucios y algo asustados. Mas abajo ya podíamos bromear del suceso, y al contrario de lo que muchos pensaban, yo pensaba en nuestra buena suerte y en nuestra próxima ruta: Marcapomacocha.














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